El Atlético de San Luis atraviesa uno de esos momentos en los que resulta difícil encontrar una explicación sencilla. Los malos resultados no parecen ser un episodio aislado: detrás de lo que ocurre en la cancha hay también cuestionamientos hacia la planeación deportiva, la dirección del proyecto y, cada vez más, hacia la gestión que rodea al equipo.
La llegada de Diego Mejía fue presentada, en su momento, como una oportunidad para cambiar el rumbo después de una etapa complicada con el español Guillermo Abascal. Sin embargo, con el paso de las jornadas, la sensación entre buena parte de la afición es que el equipo continúa sin encontrar una identidad futbolística.
Más allá de ganar o perder, preocupa la manera en que el Atlético de San Luis compite. El equipo luce por momentos sin respuestas, con dificultades para imponer condiciones y, sobre todo, sin transmitir la sensación de tener un proyecto definido.
La autocrítica de Diego Mejía ha sido, para algunos aficionados, insuficiente frente a lo que ocurre sobre el terreno de juego. Cuando los resultados no acompañan y el funcionamiento tampoco convence, la afición espera explicaciones, pero también señales claras de que existe un diagnóstico interno y un plan para corregir el rumbo.
El problema es que esta situación no comenzó con Mejía. Los cambios en el banquillo parecen haberse convertido en una constante, pero cambiar al entrenador no necesariamente resuelve los problemas estructurales.
Aquí es donde la mirada inevitablemente alcanza a la dirección deportiva encabezada por Iñigo Regueiro.
La afición también ha comenzado a cuestionar la calidad de algunos fichajes, la planeación de los últimos torneos y las decisiones tomadas para construir el plantel. Porque si un equipo cambia de entrenador, pero continúa presentando problemas similares, quizá el análisis debe ir más allá del banquillo.
Un proyecto deportivo no puede depender únicamente de que el siguiente técnico encuentre la fórmula.
Y mientras en la cancha existen dudas, fuera de ella también han surgido situaciones que alimentan el malestar.
Durante el partido del pasado sábado frente a Chivas, aficionados ubicados en la zona conocida como Moctezuma reportaron afectaciones en su ropa que, según sus testimonios, habrían ocurrido durante el espectáculo de humo y pirotecnia utilizado como parte del protocolo de inicio del encuentro.
Un espectáculo previo a un partido debería generar emoción, no convertirse en motivo de preocupación para quienes acudieron al estadio. Si los reportes son correctos, el club tendría que explicar qué ocurrió y, sobre todo, revisar las condiciones de seguridad bajo las cuales se realizan este tipo de actividades.
Pero hay otro asunto todavía más delicado.
En redes sociales también han circulado señalamientos relacionados con una presunta cuenta falsa en X, utilizada aparentemente para realizar críticas o comentarios desfavorables hacia determinados sectores del club. Incluso un aficionado habría señalado que detrás de dicho perfil podría encontrarse una persona vinculada al área de comunicación del Atlético de San Luis.
Hasta ahora, este señalamiento no constituye un hecho acreditado, por lo que corresponde al club aclarar si existe o no alguna relación con dicha cuenta. Precisamente por la gravedad de la acusación, sería deseable una explicación clara y no dejar que las especulaciones sigan creciendo en redes sociales.
Porque al final, el problema del Atlético de San Luis no parece limitarse a una mala racha.
Hay una afición que cuestiona al entrenador. Hay cuestionamientos sobre los fichajes y la planeación deportiva. Hay dudas sobre la capacidad de reacción de la directiva. Y ahora aparecen también situaciones extradeportivas que terminan aumentando la percepción de desorden.
El Atlético de San Luis necesita mucho más que una victoria para cambiar el ánimo.
Necesita rumbo, autocrítica y respuestas.
Al San Luis, definitivamente, le está lloviendo sobre mojado.
