En San Luis Potosí hay historias que no deberían existir, pero persisten por la negligencia institucional. La de una mujer de 80 años en la colonia Julián Carrillo no solo exhibe una falla en el drenaje, sino un fracaso directo de Interapas San Luis Potosí, el organismo que debería garantizar condiciones mínimas de salubridad y que hoy parece ausente.
La escena es indignante: aguas negras brotando desde las alcantarillas dentro de su propio patio, invadiendo cocina, baño y habitaciones. No es un accidente aislado ni un problema reciente; es una situación constante que ha sido reportada y que, pese a ello, sigue sin solución real. La mujer, con movilidad limitada, se ve obligada a sacar el agua en recipientes, arriesgando su salud y su integridad.
Lo que más molesta no es solo el colapso del drenaje, sino la forma en que Interapas ha decidido “atender” el problema: con parches. Intervenciones improvisadas, mal ejecutadas, que lejos de resolver, agravan la situación. La propia afectada lo describe con frustración: abren, pican, tapan… y el agua sigue regresando, como una burla constante a su dignidad.
Aquí no hay espacio para matices: esto es negligencia. Un organismo que cobra por sus servicios no puede responder con soluciones a medias. No puede ignorar que el drenaje colapsado no solo genera malos olores, sino riesgos sanitarios graves. Y mucho menos puede hacerlo cuando la afectada es una persona adulta mayor, en condición vulnerable.
El silencio o la inacción de Gobierno Municipal SLP tampoco ayuda, pero la responsabilidad directa recae en Interapas. Es su obligación operar, mantener y reparar la red de drenaje. No hay excusas técnicas ni presupuestales que justifiquen que alguien viva entre aguas negras.
Este caso retrata algo más profundo: la normalización del abandono. Porque cuando un problema así se vuelve cotidiano, cuando las autoridades responden con simulación, lo que se pierde no es solo funcionalidad en los servicios, sino confianza ciudadana.
Interapas no solo tiene un drenaje colapsado; tiene una credibilidad rota. Y mientras no entienda la gravedad de casos como este, seguirá acumulando más que quejas: seguirá acumulando indignación.
