Lo que para muchos termina en un bote de basura, para investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) podría convertirse en una herramienta para limpiar el agua. La cáscara de pistache, un residuo que suele desecharse después de consumir el fruto, está siendo sometida a procesos de modificación en un laboratorio de la Facultad de Ciencias Químicas con un objetivo: atrapar boro y ayudar a reducir su presencia en sistemas acuosos.
La investigación forma parte del 32 Verano de la Ciencia de la UASLP y lleva por nombre “Valorización de la cáscara de pistache para la remoción de boro en sistemas acuosos”. El proyecto reúne el trabajo de investigadores y estudiantes que buscan demostrar que un residuo agroindustrial puede tener una segunda vida y convertirse en materia prima para desarrollar materiales destinados al tratamiento de agua.
La doctora Damarys Haidee Carrales Alvarado, investigadora asociada del Posgrado en Ciencias en Ingeniería Química, explicó que la idea surgió de una línea de investigación dedicada precisamente a encontrar nuevas aplicaciones para residuos que normalmente son descartados.
En este caso, el protagonista es el pistache. Más de la mitad del producto puede convertirse en residuo, por lo que el equipo decidió preguntarse qué podría hacerse con toda esa cáscara antes de que terminara en la basura.
La respuesta se encuentra ahora en el laboratorio.
El proceso consiste en modificar la cáscara para incrementar su capacidad de adsorción, es decir, hacer que su superficie tenga mejores condiciones para atraer y retener determinadas sustancias. En términos sencillos, la investigación busca convertir la cáscara en una especie de “trampa” microscópica capaz de capturar el boro presente en el agua.
Esto es posible gracias a los componentes que forman parte de la estructura de este residuo, entre ellos celulosa, lignina y hemicelulosa, compuestos que pueden favorecer el proceso de adsorción y que convierten a la cáscara de pistache en un material con potencial para ser aprovechado en el tratamiento de agua.
El interés por remover el boro responde a que este elemento puede encontrarse en determinados sistemas acuosos, ya sea de manera natural o como consecuencia de actividades agrícolas e industriales. Aunque su presencia no es generalizada y existen áreas en las que la regulación sobre determinados contaminantes todavía es limitada, la investigadora destacó la importancia de buscar alternativas que permitan reducir su concentración.
“Hay muchos residuos que se desaprovechan y ahora surgió la idea de utilizar la cáscara de pistache”, explicó Carrales Alvarado, al señalar que el proyecto también busca contribuir al desarrollo de alternativas más sostenibles.
Del salón de clases al laboratorio
Para Jessica Rocío Saldaña Colorado, estudiante de séptimo semestre de Ingeniería Química, el proyecto representa algo más que una experiencia de investigación. Su participación en el Verano de la Ciencia le permitió comprobar que conceptos estudiados durante la carrera adquieren una dimensión distinta cuando pasan de los apuntes a un laboratorio.
“Estoy muy feliz y le agradezco mucho a la doctora por enseñarme tantas cosas. He visto temas de mi carrera, pero es muy diferente aplicarlos en la práctica”, compartió.
En el laboratorio, la estudiante participa en las distintas etapas del proyecto y ha podido conocer de manera directa cómo un residuo aparentemente cotidiano puede ser sometido a procesos químicos para modificar sus propiedades y buscar una aplicación ambiental.
Para ella, la experiencia también representa una invitación para que más universitarios se acerquen a la investigación científica.

Una cáscara con una segunda oportunidad
El proyecto todavía se encuentra en una etapa de desarrollo. Los investigadores buscan determinar qué tan eficiente puede ser el material obtenido y cuáles son las mejores condiciones para utilizarlo en la remoción del boro.
La meta va más allá de darle un nuevo uso a la cáscara de pistache. A largo plazo, el equipo pretende desarrollar materiales eficientes, accesibles y de bajo costo que puedan tener aplicaciones en comunidades o industrias que requieran alternativas para el tratamiento del agua.
Y ahí está uno de los aspectos más interesantes de la investigación: un residuo puede convertirse en materia prima; una cáscara puede convertirse en un material adsorbente y, eventualmente, un desecho puede convertirse en parte de una solución ambiental.
La doctora Carrales Alvarado señaló que, una vez que se logren materiales con mejores capacidades para remover el boro, también se contempla explorar su utilización frente a otros contaminantes presentes en el agua.
Por ahora, en los laboratorios de la UASLP la investigación continúa. Entre tubos, muestras y procesos químicos, la cáscara que alguna vez fue considerada un desperdicio está siendo sometida a una nueva prueba: demostrar que lo que parece basura también puede tener una segunda oportunidad y convertirse en una herramienta para cuidar el agua.
