Cuando el diputado Héctor Serrano anunció que presentaría una queja por discriminación contra el rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), más de uno seguramente pensó que aquello terminaría como la salida de Soledad de Interapas o el Parque Tangamanga III: en una declaración que daría mucho de qué hablar, pero no más.
Pues no. Esta vez sí hubo queja y el asunto llegó hasta la Comisión Estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí.
Y aquí viene la sorpresa: el organismo emitió una recomendación dirigida al Consejo Directivo Universitario en la que se solicitaba una disculpa pública al legislador.
¿Pues no que no eran enchiladas?
Durante una semana, el tema se alimentó principalmente de la filtración del documento. Pero ahora que la versión oficial ya fue publicada, la controversia tiene un nuevo capítulo: las expresiones relacionadas con no ser potosino terminaron formando parte de un procedimiento por presunta discriminación.
Y uno que pensaba que lo más complicado de no ser potosino era aprender a pedir las enchiladas sin confundirlas con las de otro estado.
Porque, si de bromas sobre el lugar de origen se trata, ¿se imaginan lo que podrían decir los veracruzanos después de tantos memes que circulan en redes sociales? Habría material para rato.
Claro, una cosa son las bromas de internet y otra el contexto en el que una autoridad universitaria realiza determinadas declaraciones. Pero precisamente ahí está el debate: ¿dónde termina una expresión desafortunada y dónde comienza un acto discriminatorio?
Por su parte, la Universidad decidió no aceptar la recomendación. El Consejo Directivo Universitario votó por unanimidad y, para que no quedaran dudas sobre el procedimiento y el respeto a la autonomía universitaria, el rector no participó en la votación de este punto.
Sí le saben.
Así que tenemos a un diputado que cumplió su advertencia de presentar una queja, una recomendación que abrió la discusión sobre los alcances de la discriminación y una universidad que decidió mantenerse firme en su postura.
Y mientras unos discuten sobre derechos humanos y otros sobre autonomía universitaria, queda una pregunta que seguramente seguirá dando de qué hablar: ¿hasta dónde debe llegar una institución cuando considera que una expresión constituye discriminación?
Por lo pronto, la Universidad ya respondió y el Consejo tomó su decisión.
Ahora habrá que ver en dónde reciben al buen Serrano, porque en la Universidad, por lo visto, la disculpa no pasó de extraordinario.
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