Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido como el “Monstruo de Atizapán”, murió mientras permanecía recluido en prisión, donde cumplía múltiples condenas por feminicidio. Su fallecimiento vuelve a poner sobre la mesa los pendientes que dejó uno de los casos criminales más estremecedores registrados en el Estado de México.
Mendoza Celis acumulaba ocho sentencias condenatorias por sus crímenes y llevaba alrededor de cinco años privado de la libertad, luego de ser detenido en mayo de 2021 en su domicilio, ubicado en el municipio de Atizapán de Zaragoza.
En aquella vivienda, las autoridades localizaron miles de restos óseos y diversos indicios que apuntaban a la posible existencia de al menos 30 víctimas. Sin embargo, la identificación de los restos continúa siendo uno de los principales desafíos para las investigaciones, debido a la cantidad de evidencias encontradas y las dificultades para establecer la identidad de todas las personas.
A la muerte del feminicida se suma otra deuda pendiente: familiares de las víctimas han señalado que todavía esperan una reparación integral del daño, así como respuestas sobre el destino de sus seres queridos.
De esta manera, aunque el responsable de los crímenes murió en prisión, las consecuencias de sus actos y las preguntas que dejó el caso permanecen para las familias que siguen buscando justicia.
