Hoy se cumplen 17 años de uno de los episodios más estremecedores en la historia de la espeleología recreativa: el momento en que John Edward Jones quedó atrapado de forma irreversible en el interior de la cueva Nutty Putty, en el estado de Utah, Estados Unidos.
El 24 de noviembre de 2009, Jones, de 26 años, estudiante de medicina y padre de familia, se adentró con un grupo en la conocida formación subterránea, popular por sus pasajes angostos. En un punto del recorrido, ingresó sin saberlo en una sección extremadamente estrecha del sistema de cuevas y quedó atrapado boca abajo, sin posibilidad de girar o retroceder.
Inmediatamente se movilizó un amplio operativo de rescate con más de 100 rescatistas entre bomberos, voluntarios y equipos especializados, quienes trabajaron durante más de 27 horas con cuerdas, poleas y herramientas técnicas para intentar liberarlo.
A pesar de estos esfuerzos, las condiciones del espacio, la posición forzada del cuerpo y la extrema presión sobre su sistema cardiovascular hicieron que Jones sufriera un paro cardíaco y falleciera dentro de la caverna durante el operativo.
Debido a lo peligroso del lugar donde quedó su cuerpo (a unos 45 metros bajo tierra y profundamente encajado) las autoridades, junto con la familia, decidieron cerrar permanentemente la cueva. En diciembre de ese año, la entrada fue sellada con concreto y explosivos, dejando a Jones en el mismo sitio donde murió.
Desde entonces, la entrada a la Nutty Putty Cave permanece inaccesible y sirve como recordatorio de los riesgos asociados a la exploración sin las debidas medidas de seguridad, así como del enorme esfuerzo de quienes intentaron salvarlo.
